¿Cuándo perdimos el sentido?

– ¿Ya llegó Navidad?

– Pues claro. ¿No ves cómo está todo adornado? Las calles, las casas y todas las tiendas del mall… es muy lindo ver todo con luces, adornitos de viejitos pascueros, monitos de nieve y sobretodo, regalos. Es obvio que ya llegó… sino, no estaría así la ciudad. Se siente el “Espíritu Navideño” en todas partes; dan avisos comerciales en la televisión, los programas están ambientados acorde a la fecha con arbolitos, guirnaldas y luces, se hacen campañas para recolectar regalos, hay muchas ofertas en las multitiendas para comprar hartas cosas… Sería absurdo decir que no estamos sintonizados con la Navidad.

– Si sé que está todo adornado y bien “ambientado”. Pero, ¿ese es el sentido de la Navidad?

– Obvio. Es tiempo de adornar, tener un lindo arbolito en la casa, comer cosas ricas propias de la fecha, compartir regalos con todos, vivir todos felices, sin enojarse, olvidar los conflictos y diferencias… en fin, como estamos de vacaciones, es tiempo para compartir con la familia y los seres queridos. Yo, por ejemplo, saldré a bailar con mi novia en la noche del 24, y mis papás irán a un restorán a comer algo especial.

– Es cierto. Este es un tiempo especial, y es el predilecto para la unión y fraternidad entre todos, pero… ¿no se te olvida algo?

– ¿Algo? ¿Como qué? Nada más es importante en Navidad que los regalitos, el árbol de Navidad, los adornos, vestirse con ropas especiales, preparar comidas especiales y ambientar todo con el “Espíritu Navideño”.

– Pues no. Navidad puede llegar a ser todo eso que tú dices, pero no es el motivo principal. No es sólo tener el “Espíritu Navideño”, sino que hay que recordar el trasfondo de todo esto, el porqué estamos reunidos en un momento especial.

– Nada puede ser más importante que el “Espíritu Navideño”…

– ¿Nada?…

– Jaja… ¿Hay algo más?

– Hace más de dos mil años se produjo el milagro más grande en todo el Universo en un pequeño pueblo de Oriente: una sencilla mujer dio a luz un niño muy especial.

– ¿Y qué tiene de especial una mujer embarazada? Mi tía recién tuvo un hijo y no hubo mucho revuelo.

– Hace más de dos mil años… “Gabriel, un ángel enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazareth, fue donde una muchacha joven que se iba a casar con un José, un carpintero. La virgen se llamaba María. Llegó el ángel hasta ella y le dijo: <<Alégrate, llena de gracia el Señor está contigo. No temas María, porque has encontrado el favor de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús. Será grande y justamente será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David…>>. María entonces le dijo al ángel: <<¿Cómo puede ser eso si yo soy virgen?>>. El ángel Gabriel le contestó: <<El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios>>.  María dijo entonces: <<Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho>>”.

(Lc 1, 26-38)

– ¿Y qué pasó después?

– Después hubo muchos problemas y dificultades durante la gestación de Jesús. José y María debieron pasar por varias pruebas, hasta llegar a un humilde pesebre en las afueras de Belén, en donde nació el niño Dios lleno de la Gloria y majestuosidad de Dios. Eso es lo que celebramos en Navidad… el nacimiento de Jesús, quién treinta y tres años después sufriría el calvario y la crucifixión para salvarnos a todos de nuestros pecados. En Navidad se celebra el inicio de una hermosa historia, llena de buenas noticias y enseñanzas, pero también de sacrificios, luchas y conflictos, que ahora no vienen al caso, pues todavía falta para llegar a eso.

Lo importante es no perder ese verdadero sentido de la Navidad. No es sólo cambiar de actitud y decorar todo con luces y guirnaldas, celebrando al “Espíritu Navideño”, porque no sería más que una celebración vacía y sin sentido.

– Es cierto. Tienes razón. Yo sabía eso, porque me lo enseñaron hace mucho tiempo, cuando era muy pequeño, y me acuerdo que iba a la Misa de Nochebuena, cantábamos y poníamos al niño Jesús en el pesebre, y no me importaban tanto los regalos, aunque sí recibía algunos de parte de mi familia y amigos. Pero ahora no tenía tan presente todo eso. ¿Cuándo perdimos el sentido?

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